En esta época donde cumpliré 60 años, 6 décadas, la Cábala ha venido a ser mi forma de vida. Fue muy significativo el momento en que estas enseñanzas llegaron a mis manos.

Cuando hago un paro y veo hacia atrás puedo darme cuenta de que a pesar de no contar con conocimientos cabalísticos, Dios me permitió utilizar en ciertas decisiones que tomé mi pensamiento lógico, racional, mi inteligencia – dimensión de Biná–  y combinarla con mi lado creativo, de sentido común e intuitivo – dimensión de Jojmá-.

A lo largo de mi vida he ido cumpliendo el propósito para el cual mi alma bajó a este mundo y, sin saberlo, cada paso que he dado ha servido para ir concluyendo los proyectos, metas y propósitos que han servido para ir haciendo mi historia de vida.

Al llegar a esta edad me he dado cuenta de que lo importante no es el tiempo que he vivido, o lo que me falta por vivir, sino que es lo que hice con el tiempo de vida para poder marcharme sin dejar ninguna cosa pendiente. Es por eso que estos años los he querido vivir intensamente, porque de esa manera estoy dejando un legado a mi familia y amigos: en esta vida nuestro objetivo principal es ser feliz y, aunque nuestro cuerpo pueda ir envejeciendo, nuestra alma permanente nunca desaparecerá, y deberá esforzarse por cumplir el verdadero propósito.

Elevando nuestros niveles de conciencia nos daremos cuenta de las cosas que deberíamos dejar, aceptar y sobre todo cambiar en nuestro interior. De esta manera podemos ir ascendiendo poco a poco e irradiar esa luz que dejaremos en los corazones de todas aquellas personas a las que amamos.

Cuando muera, quiero hacerlo tranquila, sabiendo que mi alma cumplió su propósito. Viví intensamente y logré dar amor y felicidad.

Gracias Keneth y Ethel por alumbrarme cada día más, para poder ir creciendo de manera equilibrada y con conocimiento usando mi Biná y Jojmá todos los días de mi vida.

Por: Elizabeth Fischnaler