Cuando los desequilibrios nos desvían del camino.

“Esta es la historia de Noé. Noé era un hombre justo y honrado entre su gente. Siempre anduvo fielmente con Dios.” (Gén. 6:9 NVI)

El relato de Noé me parece muy intrigante, no solo por los animales y el arca sino por cómo termina sus días. El texto bíblico comienza hablando de un hombre justo. Nadie de los grandes líderes como Abraham, Moisés o algún profeta se ha ganado ese título. Hay todo un debate entre los sabios de Israel si este título se le otorgó solo en relación a su generación. Es decir, sostienen algunos, si él hubiese vivido en los días de Abraham, hubiera pasado inadvertido. Sin embargo, otros dicen, es muy probable que haya sido más grande.

Como sea, no podemos obviar que Noé tuvo gran mérito, ¡caminaba con Dios! Pero ¿por qué un hombre de ese calibre terminó sus días como un borracho? Sus hijos, dice el texto, se dieron la espalda para no ver su desnudez, ¿Será esta una alusión a que sus hijos se avergonzaban de él?

En el mapa del árbol de la vida encontramos 10 sefirot (dimensiones) que nos muestran a dónde estamos situando nuestra energía. Un exceso de energía en una sefirá (dimensión) podría llevarnos a una klipá (una cáscara, o barrera que nos impide que la luz del Creador se nos revele). Este Árbol de la Vida tiene 3 tríadas: Tríada Superior (aquí se encuentra lo intelectual, cuando logramos equilibrar bien esta dimensión podemos hablar de un ascenso espiritual). La Tríada Media (esta tríada es muy importante pues es la emocional, aquí se encuentran las conexiones centrales del Árbol, y las que nos ayudan con el proceso de interiorización personal, aquí se encuentra Tiferet, la belleza, la esfera que nos lleva a la paz o a la completitud). Luego aparece la Tríada inferior (la biológica, la manifestación o externalización de la tríada previa) y todas desembocan en Maljut (el reino, la materia).

Podríamos decir que Noé tenía muy bien sus dos primeras tríadas, su conexión con el Creador fue insuperable, su capacidad mental y su organización le permitieron llevar a cabo la construcción del arca. Pero quizá su desequilibrio estaba en las otras dos tríadas, comencemos de abajo hacia arriba. Noé se desconectó de los demás para poder llevar a cabo su misión, en realidad vivía en un entorno tan corrupto, como el nuestro, que optó por abstraerse de los demás, su Yesod (el fundamento) la sefirá que tiene que ver con el otro, con los demás no estaba en funcionamiento, lo que lo llevó a retraerse de los demás. No es lo mismo hacer introspección que retraerse. La introspección es muy necesaria para encontrase consigo mismo, el retraimiento nos lleva a alejarnos a separarnos de los demás, lo que se vuelve un problema, pues somos entes sociales.

En Noé podemos ver claramente, el problema que conlleva el retraimiento. ¿Cómo es que el hombre más justo hasta ahorita no logró influenciar a otros? ¿No bastó su ejemplo? ¿No bastaron sus obras? ¿Por qué en el arca no había más personas que su familia? ¿Será que su Jesed (bondad, o misericordia) también estaban en desequilibrio? Evidentemente su Gevurá y su Netzaj con la falta de límites en el placer por la bebida nos dejan ver sus desbalances.

Los sabios de Israel dicen que cuando nosotros callamos la injusticia, es como si fuéramos cómplices. Surgen nuevas preguntas, ¿Hubiera esa generación escuchado a Noé, era perversa, ni siquiera escuchaban a Dios? No lo sabemos. Lo que si sabemos es que La Cábala nos enseña a ser responsables en primer lugar por nosotros mismos, pero eso no nos evade de una responsabilidad colectiva. Es decir, si estamos recibiendo luz, no la puedo esconder para mí sola, debo de darla. De hecho, Dios le dijo a Noé que hiciera un arca y que le pusiera un צֹהַר, zójar, traducido como ventana, o también como un resplandor. La idea era que esa arca pudiera ser un resplandor, una luz para la humanidad.

Vivimos en un mundo quizá igual o peor que los días de Noé, y debemos levantar la voz por los actos injustos que vemos, es parte de nuestra responsabilidad colectiva para tratar de transformarlo. De lo contrario, ¿De qué sirve la Luz? ¿De qué sirve construir un arca solo para nosotros?  Decían los discípulos del Maestro: “No podemos callar lo que hemos visto y oído” (Hch. 4:20). Todos somos responsables de todos, si otros rechazan la luz es responsabilidad de ellos, la nuestra es darla a conocer.

Pueda ser que la falta de exteriorización de Noé, le llevó a un profundo conflicto interno, lo que se tradujo en culpa y dolor. Su Tiferet no pudo soportar encontrarse con el mismo al ver una nueva creación y a lo mejor preguntarse ¿dónde están los demás? O ¿Qué hice? Es posible que esa evasión de responsabilidad colectiva  lo llevara a una evasión de la realidad a través del vino. No lo sabemos a ciencia cierta, lo que sí podemos decir es que Noé fue grande, de él venimos todos, gracias a él disfrutamos del pacto de paz a través del arco iris, pero también podemos ver que sus desequilibrios con el dar de lo que él recibía, lo llevaron al sufrimiento.

El mapa del Árbol de la Vida nos sirve como ese instrumento para equilibrar nuestras energías, y donde vemos klipot (cáscaras) no sentir culpa, sino seguir profundizando pues detrás de esas cáscaras está la luz, la verdad. No seamos cómplices de una sociedad corrupta, somos responsables de dar luz.

Los sabios de Israel llamaron a Noé “justo en abrigo de piel” ¿Por qué? Porque hay dos maneras de resguardarse del frío[1]: 1. Con un abrigo grueso o 2. Por medio de una fogata. Con el abrigo se calienta uno mismo, con la fogata se calientan todos.

Que nuestra luz pueda llegar a todos para que la redención de este mundo sea pronta.

Por: Ethel Turcios.

[1] R. Jonathan Sacks, “Rectitud no es liderazgo