“El hombre es lo que hace con su tiempo” Gaón de Vilna

Hay preguntas que podemos contestarlas en un minuto, unas nos llevan más tiempo, otras quizá una vida. Preguntas como ¿Quién soy? O ¿Para qué he venido a este mundo? Se vuelven vitales en esta existencia, para comprenderla. Es a través de esas preguntas que comenzamos a encontrar nuestro camino.

¿Qué haces con tu tiempo? ¿Trabajas? ¿Lees?  ¿Amas? ¿Meditas? ¿Juzgas? ¿Ejercicio? ¿Ayudas? ¿Ocio? ¿Estudias? ¿Divagas? ¿Dedicas tiempo a la familia? ¿Buscas aprobación? El tiempo es de lo más valioso que podemos tener sin darnos cuenta. Pues no podemos comprarlo, o reutilizarlo, lo tenemos medido.

Vivimos en una sociedad acelerada, el rendimiento se mide en la cantidad de actividades que se pueden hacer en menos tiempo. Lo paradójico es que entre más nos aceleramos, entre más hacemos, menos  tiempo nos queda.

El tiempo no alcanza, no queda tiempo para nada, menos para lo importante.

Y pareciera que el tiempo se nos escurre de las manos, y el estrés, frustración o miedo por no cumplir las metas o sueños a tiempo nos embarga. ¡Qué curioso! Entre más corremos, nos volvemos más esclavos de las ataduras del tiempo, de posponer, de retrasar o incluso de olvidar lo que en verdad importa.  Entre más nos aceleramos, disponemos de menos tiempo.

El Salmo 90:12 dice “Enséñanos a contar de tal modo nuestros días, que traigamos al corazón sabiduría.” Cuando somos conscientes de lo efímeros que somos en este mundo nos damos cuenta que no podemos andar por nuestros días sin rumbo,  sin propósito, pues el tiempo es como un suspiro y debemos de aprovecharlo para el bien. Es entonces donde nos volvemos sabios.

El Gaón de Vilna decía que “El hombre es lo que hace con su tiempo ”¿Qué soy? ¿Hacia dónde corro? Pues solo mira qué has hecho en tu día.

Por: Ethel Turcios -Maestra de Centro de Kabbalh, Etz Jayim-